Maldita poesía
que caminos me pones por delante
si me robas el oído
a mi vida le cambias el sabor
¡si hasta mi tacto es otro sobre las tablas de la vida!
todo lo conviertes en poesía, poesía
atrofias mis manos, te olvidas de mi cuerpo
me cambias el pan, me embriagas el vino.
Haces de mis calles hedumbres de fantasmas sin calcios
humedades de cánticos olvidados
calores de avernos decorados
cementerios con cruces sin nombres
mitades de limones abandonadas
papeles arrugados, en el aire suspendidos
calzones sucios, grifos abiertos
focos apagados por la noche eterna
y encendidos perdidos en el día
chaquetas y pantalones congelados
frazadas que no abrigan, panes que no alimentan
como testigos en vitrinas alejadas.
Mentiras que no mienten
vidas sin oxigeno, inventadas por el humo del ahora
ciudades ciegas, ciegos ciudadanos condenados al olvido
humanos sin manos en sus ataduras oxidadas.
Rasgos de muerte los tuyos poesía
que no pueden mentir tus huellas
maldita poesía... te bendigo.
(registrada)
Qué haces vieja lámpara
intrusa, en la vida de mi vida
me obligas a observar mil cosas
en esta noche,
en que no quiero ver
en que quiero morir hasta mañana.
Podría con un clic
acabar con tu vida y con la mía.
No sé qué lo impide,
será que algún problema
tiene aquella plancha
en aquel rincón abandonado, abandonada.
Será que su viejo y roto cordón
la priva de la vida.
Que me quiere decir aquella lámpara
de esta vieja plancha abandonada
en aquel rincón abandonado
de esta habitación abandonada,
en esta casa abandonada
de esta calle abandonada
en esta ciudad abandonada
de este país abandonado
en este Mundo abandonado
en este Planeta abandonado
de esta galaxia abandonada
en este universo abandonado
por su Dios abandonado
de su Padre abandonado, abandonado.
Ah inútil lámpara...
...si hablaras.
(registrada)
Ayer sábado tuve que salir e iba en dirección al sector sur de la
capital y como coincidía con el día de estreno del Gran Santiago, debut del nuevo sistema de transporte colectivo para la ciudad, el pasaje era gratuito por tres días, como poniéndose un parche por cualquier cosa, eventualidad que lógicamente pasaría, todos expectantes: unos como fiera a la presa, otros como presa a la fiera, los políticos dependiendo de su lado expectantes unos para defender otros para atacar, los economistas viendo si sería un mal negocio para unos y un gran negocio para otros, algunos quedando a pie, otros saturados de ruidos de motores por una calle que era todo tranquilidad, mientras otros pasaban de una calle en que el paso de decenas de recorridos y en donde muchos dependían de esa actividad instalados en sus negocios por muchos años veían ahora aproximarse a la muerte de la misma, mientras algunos de sus vecinos, luego de toda una vida se despertaban tarde y descansados, como nunca luego de una noche en calma sin ese ruido constante de buses por toda la noche y sin percibir siquiera la razón de su despertar más tarde y con otro ánimo.
Así se despertaba Santiago este día sábado diez de febrero de dos mil siete y es así como luego de esperar por más de quince minutos la pasada de un bus en la esquina acostumbrada me decidí a caminar en busca de algún recorrido que pudiera hacer algo por llevarme a mi destino, quiero recordar que la noche anterior había consultado en la internet por información adecuada pero esta no se encontraba actualizada y confundía el que aun estuvieran los recorridos antiguos mencionados en ella, fue así que caminé unas cinco cuadras hacia el norte por una calle en donde anteriormente circulaban unos diez diferentes recorridos, hasta divisar que en otra calle paralela y hacia el poniente de donde me movilizaba, si circulaba locomoción y me dirigí raudamente en esa dirección, había gente esperando la pasada de algún bus, traté de conversar con algunos de ellos y todos estaban ávidos de entablar una conversación en la que “pudiéramos” orientarnos y en la que terminé yo orientando en algo a los demás ¿o no? Bueno el punto es que estuvimos un buen rato intercambiando impresiones mientras pasaban buses de colores que desconocíamos conducidos por choferes que no se detenían en una o en otra dirección, no entendíamos nada, luego de mucho tiempo ya cansado, miré nuevamente hacia el poniente y por otra calle paralela también a la que me encontraba vi pasar más buses comenté con los demás que iría a ver si allí obtenía mejores resultados, todos me ignoraron quedándose en sus lugares, como zombis sin saber qué hacer.
Al llegar a una avenida ancha con más gente esperando por lado y lado me dije –aquí si- y me instalé en uno de los paraderos, donde luego de transcurrido bastante tiempo y ya con mis dudas de si pasaban o no buses por el lugar, a pesar de los letreros que indicaban que era lugar de paradero, por fin asomaron en el horizonte dos buses, la ansiedad hacía que estos demoraran más y más, hasta que al fin llegaron elegí uno de estos al azar, sólo quería por fin poder consultar al conductor, (no chofer) para que me orientara, era gratis así es que sólo le saludé y le lancé la primera pregunta de tantas que tenía en mi cabeza, no respondió a mi saludo y menos a mi pregunta e ignorándome giró su propia cabeza y dirigiéndose a una persona que venía en el primer asiento le preguntó por dónde tenía que seguir, me quedé callado y me corrí por el pasillo a tomar uno de los asientos disponibles, anduve por unas cuadras y luego me bajé cerca de mi casa, cansado me dirigí a ella, no entendía nada.
En medio de esta casualidad
que inventada ha sido por el caos
de la lejana siempre presente explosión,
se debate el hombre
en el centro mismo de la casualidad de la vida
queriendo manejar lo que no se detiene
creyendo necesario todo lo que ocurre
sin distinguir lo inevitable de lo casual
de los efimeros millones de años
en el estornudo universal.
Dividido todo en claros y oscuros
en los blancos que se pierden en el negro
en el negro que arde al fuego del mismo blanco
y eterno se hace aquel segundo universal
en que el hombre
quiere viajar más allá de la explosión.
Y revienta la mirada
mientras arrancar parecen los colores
que encarcelados por siempre
en la explosión de la pupila, se engañan
como el color que son los mismos hombres
en la pupila universal de la gran mirada.
Queriendo viajar más allá
montando apenas el mínimo pensamiento
que es la verdadera cárcel en que yace la vida.
Juntar deberanse todas las miradas
para apenas saber
lo que no podrá jamás... este poema.
(registrado)
Yo no vendo
mis ojos negros
ni me quieren ellos traicionar,
ellos,
sólo quieren
mostrar la verdad.
Los que se vendan
son ojos azules,
verdes y de otras tonalidades
mas; mis ojos negros
no se vendarán jamás.
Yo no vendo mis ojos negros
aunque algunos los quieran vendar.
